Lo alcanzas los dedos, casi lo tienes, ese hormigueo que recorre tu cuerpo desde los dedos de los pies hasta el último mechón de pelo, está ahí, ¿no lo notas? se puede palpar en el ambiente, sonríes y miles de luces de colores brillan a tu alrededor, es felicidad.
El otro día estaba ojeando una libreta y me encontré con un texto que escribí hace tiempo, se lo enseñé a un amigo y le gustó, y hoy he pensado en trasladarlo aquí. Es algo pasado, no demasiado, pero hay muchas cosas que han cambiado en poco tiempo en mi vida. Recuerdo escribirlo tumbada en la cama mientras sonaba Puntos Suspensivos de Vetusta Morla. Lo escribí pensando en una persona por la que en ese momento sentía cosas. Aunque me da un poco de vergüenza escribir historias que me han pasado, o acerca de mis propios sentimientos, creo que es buen momento para hacerlo. Perdonarme si me puse demasiado ñoña y empalagosa, pero como he dicho, en ese momento mi cabeza era un cúmulo de sensaciones intensas. Y permitidme decir que en esta entrada saco mucho más de mí que en el resto, que me expongo un poco más y doy a conocer un trocito más de mí. ¿Cuándo pasó? Eso es lo que me pregunto ahora mismo, tumbada en la cama, sintiendo el contacto de las frías sábanas en mi pie...
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